Hoy día se puede decir que todo el mundo sabe o puede hacerse una idea bastante aproximada de lo que es una alimentación saludable y lo que representan en nuestra vida, sin embargo todavía existe una falta de conocimiento bastante acusada sobre lo que realmente supone alimentarse diariamente de una manera sana y equilibrada.

¿Sabemos en que consiste una alimentación saludable? ¿Le estamos dando a nuestro cuerpo todos los nutrientes que necesita para llevar a cabo sus funciones? ¿Es tan sana y saludable nuestra alimentación aún siguiendo los parámetros establecidos en la Pirámide Alimenticia?

Damos por hecho que todo lo que encontramos en los comercios es adecuado para nuestro consumo y eso no es así ya que, aunque nos estemos alimentando con ellos, realmente no nos estamos nutriendo. Hay que hacer una distinción entre estas dos palabras tan utilizadas.

Alimentación es el acto de llevarnos cualquier sustancia a la boca con el fin de comérnoslo por lo que deducimos que alimento es lo que introducimos en nuestro cuerpo. Nutrición, es el conjunto de procesos mediante los cuales nuestro organismo procesa y transforma los alimentos que hemos ingerido eliminando el desecho de los mismos a través de procesos conocidos como digestión, metabolismo y excreción.

Nuestro organismo, para funcionar correctamente debe obtener de los alimentos que le proporcionamos todas las sustancias (hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y oligoelementos) que necesita para la regulación de numerosas reacciones químicas (metabolismo), aportar la energía para su mantenimiento y funciones vitales y suministrar los elementos necesarios para la formación de estructuras corporales (músculos, piel, huesos, etc…).

Llegamos a la conclusión de que una alimentación saludable o equilibrada es aquella que reúne una cantidad adecuada y suficiente de todos los nutrientes básicos que el organismo necesita: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y oligoelementos. Alimentar a nuestro organismo es importante y no debemos hacerlo de cualquier manera, confiando en la publicidad que nos bombardea constantemente a través de los distintos medios sociales. Debemos ser conscientes de la importancia que representa para nuestra salud y utilizar el sentido común. Hay que tener muy en cuenta la calidad, que no cantidad, de todo aquello que nos llevamos a la boca.

Teniendo en cuenta de que además de los principales macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) nuestro organismo también se nutre de otras sustancias que son los micronutrientes (vitaminas, minerales y oligoelementos), que son esenciales para nuestra salud, y que sin ellos las distintas reacciones metabólicas (de transformación), que nuestro organismo necesita realizar para mantener una buena salud, no pueden realizarse correctamente, podemos llegar a deducir que es conveniente tomar alimentos que contengan este tipo de sustancias.

Es de vital importancia consumir productos frescos, integrales, sin procesar y a ser posible ecológicos. En la actualidad se emplean abonos químicos, herbicidas, fungicidas, antibióticos para la producción de alimentos. Los abonos nitrogenados, por ejemplo, además de aumentar el contenido de nitratos, disminuye el de oligoelementos y de vitamina C, además de causar un aumento de agua. Los abonos potásicos reducen la concentración de magnesio, calcio y sodio, el contenido de oligoelementos. Los abonos fosfatos reducen la vitamina C, los carotenos y el zinc.

Además de los abonos químicos la industria emplea radiaciones ionizantes (irradiación) cuyos efectos en el organismo no se conocen a largo plazo, pero que destruyen cantidades importantes de vitaminas, sobretodo la C, B1, B2, A, K y E, además de alterar las proteínas de los alimentos (sobretodo las del trigo) y producir radicales libres.

El desgaste del suelo que existe en la actualidad se traduce en un agotamiento de los nutrientes que componen los alimentos. En los años 60 (según datos del gobierno americano) se calculaba en un 68% el empobrecimiento de los minerales que se encontraban en frutas y verduras. En los años 60!!!!

Los sistemas de conservación y el descascarillado de los cereales incrementan esta carecia de nutrientes, sobretodo la vitamina E, la C y B1. Si en nuestra alimentación predominan los alimentos refinados vamos a ver aumentadas nuestras necesidades de vitaminas del grupo B y de cromo para poder mantener el equilibrio glucidolipídico (correcto metabolismo de los azúcares y las grasas). Si a todo esto le añadimos las dietas para adelgazar, la calidad del medio ambiente, el tabaco y otras sustancias tóxicas como el alcohol, medicamentos (antibióticos, antiinflamatorios, laxantes, etc…), el estrés, la ingesta de anticonceptivos, somos conscientes de que no podemos alimentarnos con lo que generalmente nos están recomendando, no al menos con productos transformados y refinados.

Hay que hacer una valoración más apropiada para adecuarla al ritmo de vida de hoy día sobre el tipo de alimentación que debemos llevar para evitar sufrir aquellas enfermedades que están directamente relacionadas con la alimentación como son el sobrepeso, la hipertensión, la diabetes, colesterol, artritis, artrosis, osteoartritis, cáncer, etc…. y sanarlas cuando estén presentes, recobrando la energía que nos falta y el bienestar.

 

 

¿Te ha gustado lo que has leído? COMPÁRTELO!!

¿Quieres estar al día de todas las novedades?

You have Successfully Subscribed!

Free WordPress Themes